¿Sabéis que es un obrero/arquitecto
de la vida? Yo os lo voy a contar. Los arquitectos diseñan estructuras y los
obreros las construyen. Una persona con esa capacidad de creación, sin ser un
Dios es mejor que este mismo. La creación de unos buenos cimientos es
indispensable para tener mejor calidad de vida para uno mismo, no importa
cuánto tengas detrás luchado, y cuantas cosas doloras hayas pasado que con una
cabeza sobre los hombros bien puesta, todo será más fácil. Volviendo al tema de
antes, yo nunca pensé conocer a alguien que supiera construir tan bien no solo
su vida si no ayudar a la construcción de la mía.
Me conoció en mis peores momentos y supo darme los
ladrillos necesarios para construir a “mi lado” el muro más grande, los mejores
cimientos no solo para estar conmigo, si no para mí misma. Fue entablando
conversaciones con mis mil personalidades desde mayo 2014 que le conocí, en la
maravillosa feria del Puerto de Santa María. Mi yo estaba algo desajustada, aún
dolorida por acontecimientos de un pasado que no pienso mencionar en este
texto, pero entra en la historia, debido a que por ello he estado inestable
emocionalmente hablando.
Mis días después de esa feria tan loca fueron un
poco desastre y la verdad que lo mejor que hice en ella fue darle mi número a
él. Recuerdo las miradas de esa noche como fuego, las mil palabras que se dicen
en silencio, los bailes, y los días después. Aunque fuera para un “ánimo
estudiando campeona tu puedes, no olvides sonreír, tu sonrisa llena muchísimo
hasta la más oscura habitación” esa frase y seguida de miles más, cada día ahí,
sin agobios, sin intentar más de lo que sabía que conseguiría. Fue un verano de
salidas a comer o cenar, fiestas, playas y miles de charlas nocturnas que a
veces nos daban las tantas, pero siempre ahí. Había días que yo sabía bien que
podía pasar cualquier cosa y sin embargo me mantuve “alejada”. Mis miedos eran
demasiado grandes para abrirme a alguien, me asustaba el hecho de que alguien
me quisiera, incluso me atemorizaba la idea de enamorarme, tanto que siempre
puse muro entre nosotros. Sus maneras conmigo desde el principio me gustaron, fue
levantándome en mis peores días y en mis buenos días elevándome aún más, me
enseñó cosas de la vida, el valor que hay que darle a cada persona, y sobre
todo a quererme a mí misma. Confió en mí, en que podía realizar cualquier cosa
que me propusiera y yo conseguiría salir de ese agujero negro en el que estaba.
Quizás muchos días vi el sol demasiado cerca, quise quemarme pero no, quizás
muchos días era pura desesperación de no querer hacer daño a alguien que tan
bien se estaba portando conmigo. Los días fueron pasando y poco a poco
intentando no pensar ni decidir nada fue pasando lo inevitable. Mis grandes
escudos estaban derritiéndose dejando agujeros libres por donde comenzaba a
entrar. Cierto día 27 de septiembre todo cambió un poco (“y si hacemos la vista
gorda y no tenemos en cuenta los meses que quedan para podernos besar”) se
dieron pasos hacia delante, pasos que ambos sabíamos que llegaría pero no se sabía
cuándo. A veces el camino comenzaba a verse turbio, tuve días de desaparición,
de agobios, de no querer ni pensar, yo no quería elegir nada, ni decidir
simplemente me dejé llevar.
Me deje llevar por palabras encantadas llenas de
amor, por miradas que decían tanto en silencio desde tanto tiempo, por caricias
llenas y por besos ciertos. “Te busqué tanto tiempo, sabiendo que escondías
lo que eres, todos tenemos una coraza, pero quiero estar dentro de ella y sabes
que siempre quise estarlo”
Yo ya sabía que llegaría un
punto de inflexión donde no habría marcha atrás. El hizo conmigo el mejor sostén,
quiso que yo me alzará en lo más alto y me ayudó dándome los ladrillos más
fuertes para construir ese muro juntos y que tuviera una buena base, confianza,
sinceridad, diversión, y sobre todo mucho amor. Comenzó a ser mi otro yo, mi
parte complementaria, aquella parte que nunca tuve. Supo darme todo el espacio
que necesitaba incluso estando a milímetros. Hizo caminos para mí que ni creí
posible pisar, unos caminos estables, lisos, y en línea recta. Nada con él era
cuesta arriba. Al contrario era y es todo tan fácil y sencillo a su lado, que
quise dejar que construyera para mí y conmigo la mejor de las historias, los
mejores castillos, los mejores cuentos. Quizás llegaste en una época en la que no quería complicarme
la vida pero me di cuenta que me la solucionabas. Fue una lucha constante en la
que seguro que yo gane más por dejarme alcanzar por ti. Sígueme, te seguiré,
iré de tu mano sea donde sea que llegue este tren, quizás como dijiste no haya más
paradas en nuestra vida pero yo solo sé que no quiero cambiar de estación. Te quiero
Jose Antonio Delgado Acosta y quiero que seas el arquitecto y obrero de mi vida.