jueves, 3 de septiembre de 2015

Que naveguen los sueños (Parte 2)

Era un día de tormenta, se había despertado a las 6 de la mañana con los pelos tapándole la cara y el libro Orgullo y prejuicio  estaba sobre su torso con el marcapáginas sin marcar nada. Una vez sentada en la cama con los pies en el frio suelo, miró las partes del pared que faltaban, cuadrados destruidos por la ruin tempestad que asoló su habitación. Hay una triste figura frente a ella que la mira señalando lo que tiene delante, dos pequeñas cajas cuadradas. Una color verde esperanza y otra color negra amargura. Leslie se alza y se mantiene erguida mirando fijamente lo que sucede delante de sus ojos, ¿qué ha pasado mientras dormía?
Observa rápidamente que la ventana,  abierta en libertad, hace que pueda respirar profundamente. Mira su pecho como baja y sube cogiendo todo el aire, en un rápido movimiento escoge la caja esperanza y la abre. Maravillosos colores inundan la habitación en un instante. El azul celeste se apodera de las paredes, suena pájaros, salen otros sonidos de su interior, como voces. “Tú eres mi traje a medida” “Haces que quiera ser la mejor versión de mi”. Esos susurros viajan por todo el habitáculo dejando vagas imágenes de buenos momentos vividos por ella. Una nota sale del interior, volando como si fuera una mariposa de miles de colores. Cuando consigue atraparla la lee a media voz  “El corazón bombea sangre a todos lados, así que no me guardes solo en tu corazón, tienes que saber que en cada parte donde llegue sangre de tu cuerpo  voy a estar.” Una lágrima cae sobre sus mejillas sintiendo una poderosa nostalgia en su interior. ¿Dónde estás?
 La oscura sombra le acerca la otra caja, Leslie vacila al abrirla, tiene miedo de ahogarse en penurias. Asoma un ojo bajo la tapa, siente como el estómago se vuelve un nudo, esa sensación desbocada al sentir todos sus miedos a la vez, las infravaloraciones, las equivocaciones y fallos, las perdidas. Todo aquello por lo que luchó y no consiguió. Las personas que le hicieron daño en cada momento de su existencia. Cae al suelo de espaldas agarrando fuertemente ambas cajas y todos sus recuerdos quedan suspendidos como farolillos en el techo. Observa cómo se traza un camino de imágenes  sobre ella y de repente cae, cae al vacío más ensordecedor, perdiendo de vista todo lo bueno y lo malo de su vida. El vértigo de la caída le hace cerrar fuerte los ojos y la oscuridad aparece asfixiándola.
Suspira fuertemente y despierta, sus piernas están entrelazadas con las sabanas ¿Qué hora es? ¿Era un sueño? Se frota los ojos para intentar ver a su alrededor, está todo en orden. Esta vez sí, coloca el libro sobre la mesita de noche y se levanta pero sorprendida camina y allí están, en su escritorio, ambas cajas y el lazo dorado que las une tiene bordado unas letras negras “Los mundos de Leslie”. Se sienta delante de ellas, sin saber si abrirlas y vivir en el pasado o continuar con el viaje. Con la mirada perdida siente como una mano se posa en su hombro y le susurran algo incomprensible.

Continuará…


miércoles, 26 de agosto de 2015

Que naveguen los sueños (Parte 1)

Leslie revisa antes de dormir ese álbum verde, tan lleno de felicidad. Las fotos con él eran realmente buenas absolutamente todas. Las risas que contienen cada una de las imágenes hacen que ella tenga esas vivencias de nuevo. Las paginas van pasando y los ojos cayeron en un intento de seguir apreciando cada momento de esas impresiones, se durmió sobre ellas….
 “Hacía mucho que no sentía esa sensación desbordada en el estómago, ese mar de emociones impetuosos, ese dolor agradable y esa felicidad tan triste. La luz tenue, emblanquecía sus cuerpos y los hacia preso del indescriptible color del sentimiento. Los ojos incandescentes de deseo perturbaban la más tranquila habitación. Ellos hablaban en un idioma callado, no muy difícil de descifrar. Sus senos esbeltos y pequeños se erizaban ante el paso de los extravagantes movimientos circunferenciales de su  lengua. Sus manos nerviosas agarraban el cabello de ella y lo apartaba del cuello, dejando paso a que sus cálidos labios depositaran besos perdidos  y bocados tiernos hasta la oreja. Todo su cuerpo se deja caer entre esas sabanas de mil tonalidades, todos los lunares de su espalda quedan al descubierto y como si de constelaciones y galaxias se tratara, él la observa y comienza a perderse en ese maravilloso cielo. Su nariz recorre como una autopista toda la curva de su espalda, besando cada punto en el camino hacia su erizado cuello. Las nalgas de ella se elevan cual puente dejando que pase el barco. Los ojos les pesan y el aire entra y sale de sus pulmones en forma de pequeño huracán desbordado. A veces las llaves abren cerraduras más que físicas, espirituales. El entró en su alma, sus manos se entrelazaron fuertemente hasta dada la orden de salida de los cohetes corporales, explosión de todo el cuerpo internamente. Ese calor se expande desde el corazón hasta cada parte que se sienta. Ella se deja ir, él se deja ir sobre su espalda, dejándose ir, ambos, en la locura de su cordura loca.”

Abre los ojos, mira el móvil, las 5:27 am. “¿Por qué siempre tendré que despertarme a media noche?” Piensa frotándose los ojos y dejando encima de la mesita de noche el álbum medio abierto, medio cerrados sus recuerdos. Abraza su almohada dejando un susurro entre dientes que decía. “Te quiero”.

Continuará...

lunes, 23 de marzo de 2015

En sus dedos, felicidad

"Me salvó como solo las grandes personas saben hacerlo, me rescató del caos más grande y de entre las vidas más rotas, me sacó del pozo más hondo sin cuerda, me mostró que entre las nubes más grises sale también magníficos arco iris. Que el negro puede ser blanco en su sonrisa, que la vida puede tener muchos colores y los más vivos están con él. Que puedo pararme a visualizar el horizonte y ver más allá, acariciar suaves sentimientos y saborear verdades gigantescas. Puedo volar sin alas, sentir el aire rozando mi cara, puedo andar sobre el mar y alzándome sobre mis pies puedo llegar a cualquier lugar. Sin duda de su mano es más fácil caminar. En sus dedos no solo la facilidad, también la felicidad"

lunes, 2 de marzo de 2015

Mi blanco y dorado

20:03 Ayer domingo de vuelta de Granada. 

Buscando más allá de la despedida del sol, y las colinas que visualizaba a través de la ventana trasera del coche volviendo a casa, cogí papel y bolígrafo en mano y organicé todas las respuestas a mis preguntas en mente por aquella inspiración momentánea. El cielo se apreciaba de tonos rosados y anaranjados dejando partes infinitas azuladas. Respiro profundamente y se para el tiempo, ese que nos controla a todos y nos hace que tengamos una vida sistemática y planificada. En ese momento, no me importaba nada mas que mi conversación conmigo misma, salvo recordar que a él le encantaría estas vistas. Veo este cielo espléndido reflejado en sus ojos aunque no esté aquí para verlo conmigo.
Después de todos estos días con la incógnita de que color percibo un vestido, ver cambios de tonalidades delante de mi ojos y diferentes puntos de vista he llegado a la conclusión de que mis bastoncillos retinianos les gusta bailar a la luz. Al son de miles de melodías que viví estos días he logrado al fin, AL FIN ver algo blanco y dorado (oro) verdaderamente.
Blanco nieve, nieve blanca, Blanca-nieves no y sus enanitos tampoco pero hubiera estado bien que se revolcarán en trineos con nosotros.
Dorado oro, oro valor, brillante familia, simboliza más bien la unión, las risas, la calidad de personas con las que disfruté este viajecito, breve pero intenso y sin descanso.
Me siento orgullosa de poder ver esos colores no solo con mis ojos y literalmente sino con mi corazón que ese sabe ver mejor todo, os quiero a todos pequeña parte de la gran familia.

sábado, 14 de febrero de 2015

Arquitecto y obrero de mi vida

¿Sabéis que es un obrero/arquitecto de la vida? Yo os lo voy a contar. Los arquitectos diseñan estructuras y los obreros las construyen. Una persona con esa capacidad de creación, sin ser un Dios es mejor que este mismo. La creación de unos buenos cimientos es indispensable para tener mejor calidad de vida para uno mismo, no importa cuánto tengas detrás luchado, y cuantas cosas doloras hayas pasado que con una cabeza sobre los hombros bien puesta, todo será más fácil. Volviendo al tema de antes, yo nunca pensé conocer a alguien que supiera construir tan bien no solo su vida si no ayudar a la construcción de la mía.
Me conoció en mis peores momentos y supo darme los ladrillos necesarios para construir a “mi lado” el muro más grande, los mejores cimientos no solo para estar conmigo, si no para mí misma. Fue entablando conversaciones con mis mil personalidades desde mayo 2014 que le conocí, en la maravillosa feria del Puerto de Santa María. Mi yo estaba algo desajustada, aún dolorida por acontecimientos de un pasado que no pienso mencionar en este texto, pero entra en la historia, debido a que por ello he estado inestable emocionalmente hablando.
Mis días después de esa feria tan loca fueron un poco desastre y la verdad que lo mejor que hice en ella fue darle mi número a él. Recuerdo las miradas de esa noche como fuego, las mil palabras que se dicen en silencio, los bailes, y los días después. Aunque fuera para un “ánimo estudiando campeona tu puedes, no olvides sonreír, tu sonrisa llena muchísimo hasta la más oscura habitación” esa frase y seguida de miles más, cada día ahí, sin agobios, sin intentar más de lo que sabía que conseguiría. Fue un verano de salidas a comer o cenar, fiestas, playas y miles de charlas nocturnas que a veces nos daban las tantas, pero siempre ahí. Había días que yo sabía bien que podía pasar cualquier cosa y sin embargo me mantuve “alejada”. Mis miedos eran demasiado grandes para abrirme a alguien, me asustaba el hecho de que alguien me quisiera, incluso me atemorizaba la idea de enamorarme, tanto que siempre puse muro entre nosotros. Sus maneras conmigo desde el principio me gustaron, fue levantándome en mis peores días y en mis buenos días elevándome aún más, me enseñó cosas de la vida, el valor que hay que darle a cada persona, y sobre todo a quererme a mí misma. Confió en mí, en que podía realizar cualquier cosa que me propusiera y yo conseguiría salir de ese agujero negro en el que estaba. Quizás muchos días vi el sol demasiado cerca, quise quemarme pero no, quizás muchos días era pura desesperación de no querer hacer daño a alguien que tan bien se estaba portando conmigo. Los días fueron pasando y poco a poco intentando no pensar ni decidir nada fue pasando lo inevitable. Mis grandes escudos estaban derritiéndose dejando agujeros libres por donde comenzaba a entrar. Cierto día 27 de septiembre todo cambió un poco (“y si hacemos la vista gorda y no tenemos en cuenta los meses que quedan para podernos besar”) se dieron pasos hacia delante, pasos que ambos sabíamos que llegaría pero no se sabía cuándo. A veces el camino comenzaba a verse turbio, tuve días de desaparición, de agobios, de no querer ni pensar, yo no quería elegir nada, ni decidir simplemente me dejé llevar.
Me deje llevar por palabras encantadas llenas de amor, por miradas que decían tanto en silencio desde tanto tiempo, por caricias llenas y por besos ciertos. “Te busqué tanto tiempo, sabiendo que escondías lo que eres, todos tenemos una coraza, pero quiero estar dentro de ella y sabes que siempre quise estarlo”

Yo ya sabía que llegaría un punto de inflexión donde no habría marcha atrás. El hizo conmigo el mejor sostén, quiso que yo me alzará en lo más alto y me ayudó dándome los ladrillos más fuertes para construir ese muro juntos y que tuviera una buena base, confianza, sinceridad, diversión, y sobre todo mucho amor. Comenzó a ser mi otro yo, mi parte complementaria, aquella parte que nunca tuve. Supo darme todo el espacio que necesitaba incluso estando a milímetros. Hizo caminos para mí que ni creí posible pisar, unos caminos estables, lisos, y en línea recta. Nada con él era cuesta arriba. Al contrario era y es todo tan fácil y sencillo a su lado, que quise dejar que construyera para mí y conmigo la mejor de las historias, los mejores castillos, los mejores cuentos. Quizás llegaste en una época en la que no quería complicarme la vida pero me di cuenta que me la solucionabas. Fue una lucha constante en la que seguro que yo gane más por dejarme alcanzar por ti. Sígueme, te seguiré, iré de tu mano sea donde sea que llegue este tren, quizás como dijiste no haya más paradas en nuestra vida pero yo solo sé que no quiero cambiar de estación. Te quiero Jose Antonio Delgado Acosta y quiero que seas el arquitecto y obrero de mi vida.