viernes, 27 de mayo de 2016

Que naveguen los sueños (Parte 3)

Las gotas de agua tibia caen como aguacero sobre su piel. Sobre los hombros, mantos transparentes resbalan hacia atrás por toda su espalda. Las mismas fuerzas del grifo peinan su cabello moldeándolo. Quizás maquine el plan perfecto para sus ideas en esa bañera, o quizás sea el lugar idóneo para montar el croquis mental de su propio caos. Mira atentamente sus manos y siente como entre sus dedos se desliza el agua, incomprensible, suave, cristalina. El sonido que retumba en su cabeza es más alto que sus propios pensamientos, la caída libre del agua en sus pies suena como una tormenta, llueve sobre ella, las nubes le siguen a todas partes. Al salir de ese húmedo lugar rectangular, la densa neblina del vapor, le pesa. Lanza su mirada al espejo, sin no ver más que una silueta borrosa deforme. Se arropa con la toalla, secando más bien su sensación de soledad que su mojado cuerpo. La ropa se la comienza a colocar como trapos encima de un maniquí, sin expresión, sin sensación, sin vida.
Aquella mano y aquella voz que le decía esas incomprensibles palabras seguían viajando por su cabeza a todas horas. ¿Qué querían decir? ¿Tenían algún sentido? Se preguntaba sin obtener respuesta. “Ama tu desorden pues solo tú puedes gobernarlo”. Leslie se peinaba su enredado pelo buscando en su cabeza posibles significados a esta frase, pasó su mano por el espejo desempañándolo y lo vio. Sus ojos reflejaban el negro miedo y  la esperanza verde a la vez. Tocó su cara lentamente y pensó lo que debía hacer. 
-¿Cómo creerme lo que dicen los demás? ¿Cómo ver sin filtros la realidad? ¿Cómo ordenar la locura si no hay cordura al gobernar? ¿Cómo valoro algo que no se ve? Necesito progresar.
-Comenzaré por los pies- dijo, ellos si saben caminar. Empezó a dar pasos, sin zapatos y a no avanzar, era necesario calzarse algo que la ayudara. Cogió su collar, esa llave que llevaba colgada a su cuello tantísimos años, abrió la puerta del pequeño armario marrón con olor a humedad, cogió unas sandalias de poco grosor pero que le servirían para andar. Allí cayó, viendo como su propia fuerza interna le ayudaba a levantar, y dejó de respirar. El agua entraba por todos lados, la puerta estalló sin más, su nariz, su boca, todo se llenó de oscuridad. Una gran bocanada de aire le hizo abrir los ojos.


-¿Era un sueño de nuevo? ¿Qué hago dormida en la bañera? Definitivamente tengo que trabajar menos y descansar. Salió de la bañera, puso sus pies en esa alfombra que deletreaba “Fearless”, y rodeo la toalla por su cuerpo dejando ver ese tatuaje más allá de la piel ”Love your mess” decía.


"El limite de tus actos solo lo imponen tus miedos y tu propia imaginación, por eso si el miedo ocupa tu cabeza no dejas espacio para tus sueños. Vive y sueña" (Anónimo)