miércoles, 26 de abril de 2017

Que naveguen los sueños (Parte 4 )

Sus pies se sentían con una fuerza abismal, creía poder recorrer miles de senderos, como aquel, a diario. Tenia las piernas cargadas pero ese atardecer solo la motivaba a seguir corriendo más y más. El mar, como cada día, chocaba contra ese muro rocoso artificial, dejando un surco de olas de espuma. Las flores violetas bailaban al son de la pequeña brisa que había. Leslie aflojó su carrera para observar aquel maravilloso lugar, toda su vida había vivido cerca de algo tan bonito que no se llegaba a acostumbrar. Las nubes rozaban aquel nuevo puente que conectaba con el casco antiguo de la ciudad. Aquel lugar siempre le había dado un aire renovado a sus pulmones, se sentía libre, ligera y lo mejor de todo sin preocupaciones. Su cabeza volaba como todas aquellas gaviotas, que al esconderse el sol, buscaban su comida en una playa vacía de gentío. Se sentó sobre aquel muro que separaba el sendero de las rocas, dejando caer no solo el peso de sus piernas sino también el de sus problemas. Era increíble para ella poder imaginar el vacío, poder no pensar en nada sino simplemente oír el romper de las olas y escucharse a sí misma. Tenia muchas cosas sueltas en su cabeza, últimamente no tenía tiempo ni para pensar en todo lo que le había sucedido estos meses, se había montado en tal atracción que sentía aun el cosquilleo y el vértigo al pensar en todos los cambios. Ese ya no sería el sitio donde ir a reflexionar, ni aquel donde escapar cuando lo necesitase, se había mudado a 320 km del que había sido su "hogar" durante 24 años. Revivió algunos momentos difíciles, montada en un vagón de 3 ruedas que en ocasiones estuvo al borde del precipicio, con el que bajo rampas muy pronunciadas y con el que subió largas cuestas. Ese vagón que ha tenido que ser empujado y agarrado, por el más fuerte abrazo y por el corazón más sincero. Leslie cierra en su mente esa caja de memorias, sellándola con una lágrima que cae sobre su mejilla y contiene todo el recuerdo de esos meses y da una bocanada de aire, llenando no solo sus pulmones si no su cuerpo al completo. Un leve silbido del viento le trae palabras a sus oídos, un susurro fino, casi inaudible e incomprensible y nota como una mano se posa en su hombro de nuevo como días atrás y con un batir de alas abre los ojos.
-¡¡¿¿Joder que hace una gaviota encima mía??!! ¡¡Deja mi Sanwich!!- dice levantándose de la toalla con toda la cara marcada de haberse dormido.
-¿Será posible que me quede dormida en todos sitios?-murmura haciendo un ovillo a la toalla e introduciendola a la fuerza en la pequeña mochila sin ni siquiera sacudir la arena. Se coloca las converse rojas y emprende su vuelta a casa andando por esas pequeñas dunas de la playa, vaciando sus bolsillos de arena, llenando sus ojos de vistas como aquel atardecer caído y aquel mar que borra en su orilla algunos miedos de los que Leslie se ha desprendido ese día.


viernes, 27 de mayo de 2016

Que naveguen los sueños (Parte 3)

Las gotas de agua tibia caen como aguacero sobre su piel. Sobre los hombros, mantos transparentes resbalan hacia atrás por toda su espalda. Las mismas fuerzas del grifo peinan su cabello moldeándolo. Quizás maquine el plan perfecto para sus ideas en esa bañera, o quizás sea el lugar idóneo para montar el croquis mental de su propio caos. Mira atentamente sus manos y siente como entre sus dedos se desliza el agua, incomprensible, suave, cristalina. El sonido que retumba en su cabeza es más alto que sus propios pensamientos, la caída libre del agua en sus pies suena como una tormenta, llueve sobre ella, las nubes le siguen a todas partes. Al salir de ese húmedo lugar rectangular, la densa neblina del vapor, le pesa. Lanza su mirada al espejo, sin no ver más que una silueta borrosa deforme. Se arropa con la toalla, secando más bien su sensación de soledad que su mojado cuerpo. La ropa se la comienza a colocar como trapos encima de un maniquí, sin expresión, sin sensación, sin vida.
Aquella mano y aquella voz que le decía esas incomprensibles palabras seguían viajando por su cabeza a todas horas. ¿Qué querían decir? ¿Tenían algún sentido? Se preguntaba sin obtener respuesta. “Ama tu desorden pues solo tú puedes gobernarlo”. Leslie se peinaba su enredado pelo buscando en su cabeza posibles significados a esta frase, pasó su mano por el espejo desempañándolo y lo vio. Sus ojos reflejaban el negro miedo y  la esperanza verde a la vez. Tocó su cara lentamente y pensó lo que debía hacer. 
-¿Cómo creerme lo que dicen los demás? ¿Cómo ver sin filtros la realidad? ¿Cómo ordenar la locura si no hay cordura al gobernar? ¿Cómo valoro algo que no se ve? Necesito progresar.
-Comenzaré por los pies- dijo, ellos si saben caminar. Empezó a dar pasos, sin zapatos y a no avanzar, era necesario calzarse algo que la ayudara. Cogió su collar, esa llave que llevaba colgada a su cuello tantísimos años, abrió la puerta del pequeño armario marrón con olor a humedad, cogió unas sandalias de poco grosor pero que le servirían para andar. Allí cayó, viendo como su propia fuerza interna le ayudaba a levantar, y dejó de respirar. El agua entraba por todos lados, la puerta estalló sin más, su nariz, su boca, todo se llenó de oscuridad. Una gran bocanada de aire le hizo abrir los ojos.


-¿Era un sueño de nuevo? ¿Qué hago dormida en la bañera? Definitivamente tengo que trabajar menos y descansar. Salió de la bañera, puso sus pies en esa alfombra que deletreaba “Fearless”, y rodeo la toalla por su cuerpo dejando ver ese tatuaje más allá de la piel ”Love your mess” decía.


"El limite de tus actos solo lo imponen tus miedos y tu propia imaginación, por eso si el miedo ocupa tu cabeza no dejas espacio para tus sueños. Vive y sueña" (Anónimo)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Que naveguen los sueños (Parte 2)

Era un día de tormenta, se había despertado a las 6 de la mañana con los pelos tapándole la cara y el libro Orgullo y prejuicio  estaba sobre su torso con el marcapáginas sin marcar nada. Una vez sentada en la cama con los pies en el frio suelo, miró las partes del pared que faltaban, cuadrados destruidos por la ruin tempestad que asoló su habitación. Hay una triste figura frente a ella que la mira señalando lo que tiene delante, dos pequeñas cajas cuadradas. Una color verde esperanza y otra color negra amargura. Leslie se alza y se mantiene erguida mirando fijamente lo que sucede delante de sus ojos, ¿qué ha pasado mientras dormía?
Observa rápidamente que la ventana,  abierta en libertad, hace que pueda respirar profundamente. Mira su pecho como baja y sube cogiendo todo el aire, en un rápido movimiento escoge la caja esperanza y la abre. Maravillosos colores inundan la habitación en un instante. El azul celeste se apodera de las paredes, suena pájaros, salen otros sonidos de su interior, como voces. “Tú eres mi traje a medida” “Haces que quiera ser la mejor versión de mi”. Esos susurros viajan por todo el habitáculo dejando vagas imágenes de buenos momentos vividos por ella. Una nota sale del interior, volando como si fuera una mariposa de miles de colores. Cuando consigue atraparla la lee a media voz  “El corazón bombea sangre a todos lados, así que no me guardes solo en tu corazón, tienes que saber que en cada parte donde llegue sangre de tu cuerpo  voy a estar.” Una lágrima cae sobre sus mejillas sintiendo una poderosa nostalgia en su interior. ¿Dónde estás?
 La oscura sombra le acerca la otra caja, Leslie vacila al abrirla, tiene miedo de ahogarse en penurias. Asoma un ojo bajo la tapa, siente como el estómago se vuelve un nudo, esa sensación desbocada al sentir todos sus miedos a la vez, las infravaloraciones, las equivocaciones y fallos, las perdidas. Todo aquello por lo que luchó y no consiguió. Las personas que le hicieron daño en cada momento de su existencia. Cae al suelo de espaldas agarrando fuertemente ambas cajas y todos sus recuerdos quedan suspendidos como farolillos en el techo. Observa cómo se traza un camino de imágenes  sobre ella y de repente cae, cae al vacío más ensordecedor, perdiendo de vista todo lo bueno y lo malo de su vida. El vértigo de la caída le hace cerrar fuerte los ojos y la oscuridad aparece asfixiándola.
Suspira fuertemente y despierta, sus piernas están entrelazadas con las sabanas ¿Qué hora es? ¿Era un sueño? Se frota los ojos para intentar ver a su alrededor, está todo en orden. Esta vez sí, coloca el libro sobre la mesita de noche y se levanta pero sorprendida camina y allí están, en su escritorio, ambas cajas y el lazo dorado que las une tiene bordado unas letras negras “Los mundos de Leslie”. Se sienta delante de ellas, sin saber si abrirlas y vivir en el pasado o continuar con el viaje. Con la mirada perdida siente como una mano se posa en su hombro y le susurran algo incomprensible.

Continuará…


miércoles, 26 de agosto de 2015

Que naveguen los sueños (Parte 1)

Leslie revisa antes de dormir ese álbum verde, tan lleno de felicidad. Las fotos con él eran realmente buenas absolutamente todas. Las risas que contienen cada una de las imágenes hacen que ella tenga esas vivencias de nuevo. Las paginas van pasando y los ojos cayeron en un intento de seguir apreciando cada momento de esas impresiones, se durmió sobre ellas….
 “Hacía mucho que no sentía esa sensación desbordada en el estómago, ese mar de emociones impetuosos, ese dolor agradable y esa felicidad tan triste. La luz tenue, emblanquecía sus cuerpos y los hacia preso del indescriptible color del sentimiento. Los ojos incandescentes de deseo perturbaban la más tranquila habitación. Ellos hablaban en un idioma callado, no muy difícil de descifrar. Sus senos esbeltos y pequeños se erizaban ante el paso de los extravagantes movimientos circunferenciales de su  lengua. Sus manos nerviosas agarraban el cabello de ella y lo apartaba del cuello, dejando paso a que sus cálidos labios depositaran besos perdidos  y bocados tiernos hasta la oreja. Todo su cuerpo se deja caer entre esas sabanas de mil tonalidades, todos los lunares de su espalda quedan al descubierto y como si de constelaciones y galaxias se tratara, él la observa y comienza a perderse en ese maravilloso cielo. Su nariz recorre como una autopista toda la curva de su espalda, besando cada punto en el camino hacia su erizado cuello. Las nalgas de ella se elevan cual puente dejando que pase el barco. Los ojos les pesan y el aire entra y sale de sus pulmones en forma de pequeño huracán desbordado. A veces las llaves abren cerraduras más que físicas, espirituales. El entró en su alma, sus manos se entrelazaron fuertemente hasta dada la orden de salida de los cohetes corporales, explosión de todo el cuerpo internamente. Ese calor se expande desde el corazón hasta cada parte que se sienta. Ella se deja ir, él se deja ir sobre su espalda, dejándose ir, ambos, en la locura de su cordura loca.”

Abre los ojos, mira el móvil, las 5:27 am. “¿Por qué siempre tendré que despertarme a media noche?” Piensa frotándose los ojos y dejando encima de la mesita de noche el álbum medio abierto, medio cerrados sus recuerdos. Abraza su almohada dejando un susurro entre dientes que decía. “Te quiero”.

Continuará...

lunes, 23 de marzo de 2015

En sus dedos, felicidad

"Me salvó como solo las grandes personas saben hacerlo, me rescató del caos más grande y de entre las vidas más rotas, me sacó del pozo más hondo sin cuerda, me mostró que entre las nubes más grises sale también magníficos arco iris. Que el negro puede ser blanco en su sonrisa, que la vida puede tener muchos colores y los más vivos están con él. Que puedo pararme a visualizar el horizonte y ver más allá, acariciar suaves sentimientos y saborear verdades gigantescas. Puedo volar sin alas, sentir el aire rozando mi cara, puedo andar sobre el mar y alzándome sobre mis pies puedo llegar a cualquier lugar. Sin duda de su mano es más fácil caminar. En sus dedos no solo la facilidad, también la felicidad"

lunes, 2 de marzo de 2015

Mi blanco y dorado

20:03 Ayer domingo de vuelta de Granada. 

Buscando más allá de la despedida del sol, y las colinas que visualizaba a través de la ventana trasera del coche volviendo a casa, cogí papel y bolígrafo en mano y organicé todas las respuestas a mis preguntas en mente por aquella inspiración momentánea. El cielo se apreciaba de tonos rosados y anaranjados dejando partes infinitas azuladas. Respiro profundamente y se para el tiempo, ese que nos controla a todos y nos hace que tengamos una vida sistemática y planificada. En ese momento, no me importaba nada mas que mi conversación conmigo misma, salvo recordar que a él le encantaría estas vistas. Veo este cielo espléndido reflejado en sus ojos aunque no esté aquí para verlo conmigo.
Después de todos estos días con la incógnita de que color percibo un vestido, ver cambios de tonalidades delante de mi ojos y diferentes puntos de vista he llegado a la conclusión de que mis bastoncillos retinianos les gusta bailar a la luz. Al son de miles de melodías que viví estos días he logrado al fin, AL FIN ver algo blanco y dorado (oro) verdaderamente.
Blanco nieve, nieve blanca, Blanca-nieves no y sus enanitos tampoco pero hubiera estado bien que se revolcarán en trineos con nosotros.
Dorado oro, oro valor, brillante familia, simboliza más bien la unión, las risas, la calidad de personas con las que disfruté este viajecito, breve pero intenso y sin descanso.
Me siento orgullosa de poder ver esos colores no solo con mis ojos y literalmente sino con mi corazón que ese sabe ver mejor todo, os quiero a todos pequeña parte de la gran familia.

sábado, 14 de febrero de 2015

Arquitecto y obrero de mi vida

¿Sabéis que es un obrero/arquitecto de la vida? Yo os lo voy a contar. Los arquitectos diseñan estructuras y los obreros las construyen. Una persona con esa capacidad de creación, sin ser un Dios es mejor que este mismo. La creación de unos buenos cimientos es indispensable para tener mejor calidad de vida para uno mismo, no importa cuánto tengas detrás luchado, y cuantas cosas doloras hayas pasado que con una cabeza sobre los hombros bien puesta, todo será más fácil. Volviendo al tema de antes, yo nunca pensé conocer a alguien que supiera construir tan bien no solo su vida si no ayudar a la construcción de la mía.
Me conoció en mis peores momentos y supo darme los ladrillos necesarios para construir a “mi lado” el muro más grande, los mejores cimientos no solo para estar conmigo, si no para mí misma. Fue entablando conversaciones con mis mil personalidades desde mayo 2014 que le conocí, en la maravillosa feria del Puerto de Santa María. Mi yo estaba algo desajustada, aún dolorida por acontecimientos de un pasado que no pienso mencionar en este texto, pero entra en la historia, debido a que por ello he estado inestable emocionalmente hablando.
Mis días después de esa feria tan loca fueron un poco desastre y la verdad que lo mejor que hice en ella fue darle mi número a él. Recuerdo las miradas de esa noche como fuego, las mil palabras que se dicen en silencio, los bailes, y los días después. Aunque fuera para un “ánimo estudiando campeona tu puedes, no olvides sonreír, tu sonrisa llena muchísimo hasta la más oscura habitación” esa frase y seguida de miles más, cada día ahí, sin agobios, sin intentar más de lo que sabía que conseguiría. Fue un verano de salidas a comer o cenar, fiestas, playas y miles de charlas nocturnas que a veces nos daban las tantas, pero siempre ahí. Había días que yo sabía bien que podía pasar cualquier cosa y sin embargo me mantuve “alejada”. Mis miedos eran demasiado grandes para abrirme a alguien, me asustaba el hecho de que alguien me quisiera, incluso me atemorizaba la idea de enamorarme, tanto que siempre puse muro entre nosotros. Sus maneras conmigo desde el principio me gustaron, fue levantándome en mis peores días y en mis buenos días elevándome aún más, me enseñó cosas de la vida, el valor que hay que darle a cada persona, y sobre todo a quererme a mí misma. Confió en mí, en que podía realizar cualquier cosa que me propusiera y yo conseguiría salir de ese agujero negro en el que estaba. Quizás muchos días vi el sol demasiado cerca, quise quemarme pero no, quizás muchos días era pura desesperación de no querer hacer daño a alguien que tan bien se estaba portando conmigo. Los días fueron pasando y poco a poco intentando no pensar ni decidir nada fue pasando lo inevitable. Mis grandes escudos estaban derritiéndose dejando agujeros libres por donde comenzaba a entrar. Cierto día 27 de septiembre todo cambió un poco (“y si hacemos la vista gorda y no tenemos en cuenta los meses que quedan para podernos besar”) se dieron pasos hacia delante, pasos que ambos sabíamos que llegaría pero no se sabía cuándo. A veces el camino comenzaba a verse turbio, tuve días de desaparición, de agobios, de no querer ni pensar, yo no quería elegir nada, ni decidir simplemente me dejé llevar.
Me deje llevar por palabras encantadas llenas de amor, por miradas que decían tanto en silencio desde tanto tiempo, por caricias llenas y por besos ciertos. “Te busqué tanto tiempo, sabiendo que escondías lo que eres, todos tenemos una coraza, pero quiero estar dentro de ella y sabes que siempre quise estarlo”

Yo ya sabía que llegaría un punto de inflexión donde no habría marcha atrás. El hizo conmigo el mejor sostén, quiso que yo me alzará en lo más alto y me ayudó dándome los ladrillos más fuertes para construir ese muro juntos y que tuviera una buena base, confianza, sinceridad, diversión, y sobre todo mucho amor. Comenzó a ser mi otro yo, mi parte complementaria, aquella parte que nunca tuve. Supo darme todo el espacio que necesitaba incluso estando a milímetros. Hizo caminos para mí que ni creí posible pisar, unos caminos estables, lisos, y en línea recta. Nada con él era cuesta arriba. Al contrario era y es todo tan fácil y sencillo a su lado, que quise dejar que construyera para mí y conmigo la mejor de las historias, los mejores castillos, los mejores cuentos. Quizás llegaste en una época en la que no quería complicarme la vida pero me di cuenta que me la solucionabas. Fue una lucha constante en la que seguro que yo gane más por dejarme alcanzar por ti. Sígueme, te seguiré, iré de tu mano sea donde sea que llegue este tren, quizás como dijiste no haya más paradas en nuestra vida pero yo solo sé que no quiero cambiar de estación. Te quiero Jose Antonio Delgado Acosta y quiero que seas el arquitecto y obrero de mi vida.