Leslie revisa antes de
dormir ese álbum verde, tan lleno de felicidad. Las fotos con él eran realmente
buenas absolutamente todas. Las risas que contienen cada una de las imágenes hacen
que ella tenga esas vivencias de nuevo. Las paginas van pasando y los ojos cayeron en
un intento de seguir apreciando cada momento de esas impresiones, se durmió sobre ellas….
“Hacía mucho
que no sentía esa sensación desbordada en el estómago, ese mar de emociones
impetuosos, ese dolor agradable y esa felicidad tan triste. La luz tenue, emblanquecía
sus cuerpos y los hacia preso del indescriptible color del sentimiento. Los
ojos incandescentes de deseo perturbaban la más tranquila habitación. Ellos hablaban
en un idioma callado, no muy difícil de descifrar. Sus senos esbeltos y
pequeños se erizaban ante el paso de los extravagantes movimientos circunferenciales
de su lengua. Sus manos nerviosas
agarraban el cabello de ella y lo apartaba del cuello, dejando paso a que sus cálidos
labios depositaran besos perdidos y
bocados tiernos hasta la oreja. Todo su cuerpo se deja caer entre esas sabanas
de mil tonalidades, todos los lunares de su espalda quedan al descubierto y
como si de constelaciones y galaxias se tratara, él la observa y comienza a
perderse en ese maravilloso cielo. Su nariz recorre como una autopista toda la
curva de su espalda, besando cada punto en el camino hacia su erizado cuello.
Las nalgas de ella se elevan cual puente dejando que pase el barco. Los ojos
les pesan y el aire entra y sale de sus pulmones en forma de pequeño huracán desbordado.
A veces las llaves abren cerraduras más que físicas, espirituales. El entró en
su alma, sus manos se entrelazaron fuertemente hasta dada la orden de salida de
los cohetes corporales, explosión de todo el cuerpo internamente. Ese calor se
expande desde el corazón hasta cada parte que se sienta. Ella se deja ir, él se
deja ir sobre su espalda, dejándose ir, ambos, en la locura de su cordura loca.”
Abre los ojos, mira el móvil,
las 5:27 am. “¿Por qué siempre tendré que despertarme a media noche?” Piensa frotándose
los ojos y dejando encima de la mesita de noche el álbum medio abierto, medio
cerrados sus recuerdos. Abraza su almohada dejando un susurro entre
dientes que decía. “Te quiero”.
Continuará...