20:03 Ayer domingo de vuelta de Granada.
Buscando más allá de la despedida del sol, y las colinas que visualizaba a través de la ventana trasera del coche volviendo a casa, cogí papel y bolígrafo en mano y organicé todas las respuestas a mis preguntas en mente por aquella inspiración momentánea. El cielo se apreciaba de tonos rosados y anaranjados dejando partes infinitas azuladas. Respiro profundamente y se para el tiempo, ese que nos controla a todos y nos hace que tengamos una vida sistemática y planificada. En ese momento, no me importaba nada mas que mi conversación conmigo misma, salvo recordar que a él le encantaría estas vistas. Veo este cielo espléndido reflejado en sus ojos aunque no esté aquí para verlo conmigo.
Después de todos estos días con la incógnita de que color percibo un vestido, ver cambios de tonalidades delante de mi ojos y diferentes puntos de vista he llegado a la conclusión de que mis bastoncillos retinianos les gusta bailar a la luz. Al son de miles de melodías que viví estos días he logrado al fin, AL FIN ver algo blanco y dorado (oro) verdaderamente.
Blanco nieve, nieve blanca, Blanca-nieves no y sus enanitos tampoco pero hubiera estado bien que se revolcarán en trineos con nosotros.
Dorado oro, oro valor, brillante familia, simboliza más bien la unión, las risas, la calidad de personas con las que disfruté este viajecito, breve pero intenso y sin descanso.
Me siento orgullosa de poder ver esos colores no solo con mis ojos y literalmente sino con mi corazón que ese sabe ver mejor todo, os quiero a todos pequeña parte de la gran familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario