Era un día de tormenta,
se había despertado a las 6 de la mañana con los pelos tapándole la cara y el
libro Orgullo y prejuicio estaba
sobre su torso con el marcapáginas sin marcar nada. Una vez sentada en la cama
con los pies en el frio suelo, miró las partes del pared que faltaban,
cuadrados destruidos por la ruin tempestad que asoló su habitación. Hay una triste
figura frente a ella que la mira señalando lo que tiene delante, dos pequeñas
cajas cuadradas. Una color verde esperanza y otra color negra amargura. Leslie
se alza y se mantiene erguida mirando fijamente lo que sucede delante de sus
ojos, ¿qué ha pasado mientras dormía?
Observa rápidamente que
la ventana, abierta en libertad, hace
que pueda respirar profundamente. Mira su pecho como baja y sube cogiendo todo
el aire, en un rápido movimiento escoge la caja esperanza y la abre.
Maravillosos colores inundan la habitación en un instante. El azul celeste se
apodera de las paredes, suena pájaros, salen otros sonidos de su interior, como
voces. “Tú eres mi traje a medida” “Haces que quiera ser la mejor versión de
mi”. Esos susurros viajan por todo el habitáculo dejando vagas imágenes de
buenos momentos vividos por ella. Una nota sale del interior, volando como si
fuera una mariposa de miles de colores. Cuando consigue atraparla la lee a
media voz “El corazón bombea sangre a
todos lados, así que no me guardes solo en tu corazón, tienes que saber que en
cada parte donde llegue sangre de tu cuerpo
voy a estar.” Una lágrima cae sobre sus mejillas sintiendo una poderosa nostalgia
en su interior. ¿Dónde estás?
La oscura sombra le acerca la otra caja,
Leslie vacila al abrirla, tiene miedo de ahogarse en penurias. Asoma un ojo
bajo la tapa, siente como el estómago se vuelve un nudo, esa sensación
desbocada al sentir todos sus miedos a la vez, las infravaloraciones, las
equivocaciones y fallos, las perdidas. Todo aquello por lo que luchó y no
consiguió. Las personas que le hicieron daño en cada momento de su existencia. Cae
al suelo de espaldas agarrando fuertemente ambas cajas y todos sus recuerdos
quedan suspendidos como farolillos en el techo. Observa cómo se traza un camino
de imágenes sobre ella y de repente cae,
cae al vacío más ensordecedor, perdiendo de vista todo lo bueno y lo malo de su
vida. El vértigo de la caída le hace cerrar fuerte los ojos y la oscuridad
aparece asfixiándola.
Suspira fuertemente y
despierta, sus piernas están entrelazadas con las sabanas ¿Qué hora es? ¿Era un
sueño? Se frota los ojos para intentar ver a su alrededor, está todo en orden.
Esta vez sí, coloca el libro sobre la mesita de noche y se levanta pero sorprendida
camina y allí están, en su escritorio, ambas cajas y el lazo dorado que las une
tiene bordado unas letras negras “Los mundos de Leslie”. Se sienta delante de
ellas, sin saber si abrirlas y vivir en el pasado o continuar con el viaje. Con
la mirada perdida siente como una mano se posa en su hombro y le susurran algo incomprensible.
Continuará…
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