Sus pies se sentían con una fuerza abismal, creía poder recorrer miles de senderos, como aquel, a diario. Tenia las piernas cargadas pero ese atardecer solo la motivaba a seguir corriendo más y más. El mar, como cada día, chocaba contra ese muro rocoso artificial, dejando un surco de olas de espuma. Las flores violetas bailaban al son de la pequeña brisa que había. Leslie aflojó su carrera para observar aquel maravilloso lugar, toda su vida había vivido cerca de algo tan bonito que no se llegaba a acostumbrar. Las nubes rozaban aquel nuevo puente que conectaba con el casco antiguo de la ciudad. Aquel lugar siempre le había dado un aire renovado a sus pulmones, se sentía libre, ligera y lo mejor de todo sin preocupaciones. Su cabeza volaba como todas aquellas gaviotas, que al esconderse el sol, buscaban su comida en una playa vacía de gentío. Se sentó sobre aquel muro que separaba el sendero de las rocas, dejando caer no solo el peso de sus piernas sino también el de sus problemas. Era increíble para ella poder imaginar el vacío, poder no pensar en nada sino simplemente oír el romper de las olas y escucharse a sí misma. Tenia muchas cosas sueltas en su cabeza, últimamente no tenía tiempo ni para pensar en todo lo que le había sucedido estos meses, se había montado en tal atracción que sentía aun el cosquilleo y el vértigo al pensar en todos los cambios. Ese ya no sería el sitio donde ir a reflexionar, ni aquel donde escapar cuando lo necesitase, se había mudado a 320 km del que había sido su "hogar" durante 24 años. Revivió algunos momentos difíciles, montada en un vagón de 3 ruedas que en ocasiones estuvo al borde del precipicio, con el que bajo rampas muy pronunciadas y con el que subió largas cuestas. Ese vagón que ha tenido que ser empujado y agarrado, por el más fuerte abrazo y por el corazón más sincero. Leslie cierra en su mente esa caja de memorias, sellándola con una lágrima que cae sobre su mejilla y contiene todo el recuerdo de esos meses y da una bocanada de aire, llenando no solo sus pulmones si no su cuerpo al completo. Un leve silbido del viento le trae palabras a sus oídos, un susurro fino, casi inaudible e incomprensible y nota como una mano se posa en su hombro de nuevo como días atrás y con un batir de alas abre los ojos.
-¡¡¿¿Joder que hace una gaviota encima mía??!! ¡¡Deja mi Sanwich!!- dice levantándose de la toalla con toda la cara marcada de haberse dormido.
-¿Será posible que me quede dormida en todos sitios?-murmura haciendo un ovillo a la toalla e introduciendola a la fuerza en la pequeña mochila sin ni siquiera sacudir la arena. Se coloca las converse rojas y emprende su vuelta a casa andando por esas pequeñas dunas de la playa, vaciando sus bolsillos de arena, llenando sus ojos de vistas como aquel atardecer caído y aquel mar que borra en su orilla algunos miedos de los que Leslie se ha desprendido ese día.



No hay comentarios:
Publicar un comentario