sábado, 14 de febrero de 2015

Arquitecto y obrero de mi vida

¿Sabéis que es un obrero/arquitecto de la vida? Yo os lo voy a contar. Los arquitectos diseñan estructuras y los obreros las construyen. Una persona con esa capacidad de creación, sin ser un Dios es mejor que este mismo. La creación de unos buenos cimientos es indispensable para tener mejor calidad de vida para uno mismo, no importa cuánto tengas detrás luchado, y cuantas cosas doloras hayas pasado que con una cabeza sobre los hombros bien puesta, todo será más fácil. Volviendo al tema de antes, yo nunca pensé conocer a alguien que supiera construir tan bien no solo su vida si no ayudar a la construcción de la mía.
Me conoció en mis peores momentos y supo darme los ladrillos necesarios para construir a “mi lado” el muro más grande, los mejores cimientos no solo para estar conmigo, si no para mí misma. Fue entablando conversaciones con mis mil personalidades desde mayo 2014 que le conocí, en la maravillosa feria del Puerto de Santa María. Mi yo estaba algo desajustada, aún dolorida por acontecimientos de un pasado que no pienso mencionar en este texto, pero entra en la historia, debido a que por ello he estado inestable emocionalmente hablando.
Mis días después de esa feria tan loca fueron un poco desastre y la verdad que lo mejor que hice en ella fue darle mi número a él. Recuerdo las miradas de esa noche como fuego, las mil palabras que se dicen en silencio, los bailes, y los días después. Aunque fuera para un “ánimo estudiando campeona tu puedes, no olvides sonreír, tu sonrisa llena muchísimo hasta la más oscura habitación” esa frase y seguida de miles más, cada día ahí, sin agobios, sin intentar más de lo que sabía que conseguiría. Fue un verano de salidas a comer o cenar, fiestas, playas y miles de charlas nocturnas que a veces nos daban las tantas, pero siempre ahí. Había días que yo sabía bien que podía pasar cualquier cosa y sin embargo me mantuve “alejada”. Mis miedos eran demasiado grandes para abrirme a alguien, me asustaba el hecho de que alguien me quisiera, incluso me atemorizaba la idea de enamorarme, tanto que siempre puse muro entre nosotros. Sus maneras conmigo desde el principio me gustaron, fue levantándome en mis peores días y en mis buenos días elevándome aún más, me enseñó cosas de la vida, el valor que hay que darle a cada persona, y sobre todo a quererme a mí misma. Confió en mí, en que podía realizar cualquier cosa que me propusiera y yo conseguiría salir de ese agujero negro en el que estaba. Quizás muchos días vi el sol demasiado cerca, quise quemarme pero no, quizás muchos días era pura desesperación de no querer hacer daño a alguien que tan bien se estaba portando conmigo. Los días fueron pasando y poco a poco intentando no pensar ni decidir nada fue pasando lo inevitable. Mis grandes escudos estaban derritiéndose dejando agujeros libres por donde comenzaba a entrar. Cierto día 27 de septiembre todo cambió un poco (“y si hacemos la vista gorda y no tenemos en cuenta los meses que quedan para podernos besar”) se dieron pasos hacia delante, pasos que ambos sabíamos que llegaría pero no se sabía cuándo. A veces el camino comenzaba a verse turbio, tuve días de desaparición, de agobios, de no querer ni pensar, yo no quería elegir nada, ni decidir simplemente me dejé llevar.
Me deje llevar por palabras encantadas llenas de amor, por miradas que decían tanto en silencio desde tanto tiempo, por caricias llenas y por besos ciertos. “Te busqué tanto tiempo, sabiendo que escondías lo que eres, todos tenemos una coraza, pero quiero estar dentro de ella y sabes que siempre quise estarlo”

Yo ya sabía que llegaría un punto de inflexión donde no habría marcha atrás. El hizo conmigo el mejor sostén, quiso que yo me alzará en lo más alto y me ayudó dándome los ladrillos más fuertes para construir ese muro juntos y que tuviera una buena base, confianza, sinceridad, diversión, y sobre todo mucho amor. Comenzó a ser mi otro yo, mi parte complementaria, aquella parte que nunca tuve. Supo darme todo el espacio que necesitaba incluso estando a milímetros. Hizo caminos para mí que ni creí posible pisar, unos caminos estables, lisos, y en línea recta. Nada con él era cuesta arriba. Al contrario era y es todo tan fácil y sencillo a su lado, que quise dejar que construyera para mí y conmigo la mejor de las historias, los mejores castillos, los mejores cuentos. Quizás llegaste en una época en la que no quería complicarme la vida pero me di cuenta que me la solucionabas. Fue una lucha constante en la que seguro que yo gane más por dejarme alcanzar por ti. Sígueme, te seguiré, iré de tu mano sea donde sea que llegue este tren, quizás como dijiste no haya más paradas en nuestra vida pero yo solo sé que no quiero cambiar de estación. Te quiero Jose Antonio Delgado Acosta y quiero que seas el arquitecto y obrero de mi vida.

1 comentario:

  1. Maravilloso enserio, me encanta como lo plasmas.
    Sabes que por algo así merece la pena luchar constantemente y así lo hice :)
    Ojalá retomes la escritura de nuevo que lo haces muy bien y tienes muchos temas que contarnos a todos

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